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Ecuador y Estados Unidos firman un acuerdo comercial que abre oportunidades, pero también nuevos compromisos

 

Ecuador y Estados Unidos dieron un paso importante en su relación económica con la firma del Acuerdo de Comercio Recíproco (ART), suscrito el 13 de marzo de 2026 en Washington por el ministro de Producción, Comercio Exterior e Inversiones, Luis Alberto Jaramillo, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer. Según el Gobierno ecuatoriano, el pacto libera de la sobretasa al 53% de las exportaciones no petroleras ecuatorianas hacia el mercado estadounidense, lo que equivale a USD 2.786 millones en comercio con base en cifras de 2025. (Bloomberg Línea)

La noticia ha sido presentada por Quito como un logro estratégico. No es un dato menor: Estados Unidos sigue siendo el principal mercado para muchas exportaciones ecuatorianas de valor agregado y del sector agroindustrial. En ese sentido, el acuerdo aparece como una herramienta para dar mayor previsibilidad al comercio bilateral, sobre todo después del ambiente de incertidumbre creado por las políticas arancelarias de Washington y por el debate sobre medidas “recíprocas” aplicadas en los últimos meses. (Bloomberg Línea)

Entre los productos ecuatorianos que recibirán trato preferencial inmediato destacan varios de alto peso en la canasta exportadora no petrolera: banano, plátano, aguacate, piña, mango, pitahaya, jengibre, cacao, café, flores y palmito. También aparecen minerales como oro, cobre y plomo, además de productos agroindustriales procesados, manufacturas y bienes del sector forestal y maderero. Para Ecuador, esto puede traducirse en mejores condiciones de competencia en un mercado de gran escala, especialmente en rubros donde el país ya tiene presencia consolidada y capacidad de crecimiento. (Bloomberg Línea)

Sin embargo, el acuerdo no debe interpretarse como una victoria unilateral ni como un tratado de libre comercio integral. El texto oficial muestra que también incorpora obligaciones concretas para Ecuador. Entre ellas están la reducción o eliminación de aranceles para una serie de productos estadounidenses, incluidos maquinaria, productos sanitarios, tecnologías de la información y comunicación, químicos, vehículos y ciertos bienes agrícolas. Además, el documento establece compromisos relacionados con barreras no arancelarias, licencias de importación, facilitación comercial y reglas técnicas. (Bloomberg Línea)

Ahí es donde aparece el verdadero fondo del acuerdo: no se trata solo de vender más, sino de reordenar parte de la relación bilateral bajo nuevas reglas. Estados Unidos ha destacado que el pacto abre el mercado ecuatoriano de más de 18 millones de consumidores para las exportaciones agrícolas e industriales estadounidenses. Desde la óptica de Washington, el acuerdo mejora el acceso comercial para sus productores y fortalece su posición competitiva en América Latina. Desde la óptica ecuatoriana, el desafío será aprovechar la mejora arancelaria sin debilitar sectores internos sensibles frente a la mayor competencia importada. (United States Trade Representative)

Otro aspecto relevante es que el acuerdo incluye compromisos regulatorios y políticos que van más allá del intercambio de mercancías. El Gobierno ecuatoriano ha señalado que modernizará procesos aduaneros y fortalecerá la protección de la propiedad intelectual. El texto también incorpora disposiciones laborales, incluyendo medidas para prohibir importaciones vinculadas al trabajo forzoso. En otras palabras, el ART no solo baja aranceles: también exige alineamientos institucionales que podrían tener efectos sobre la política comercial, aduanera y productiva del país. (Bloomberg Línea)

Para el sector exportador ecuatoriano, el mensaje inmediato es positivo. En un escenario internacional marcado por tensiones comerciales, desaceleración económica y creciente competencia por mercados, asegurar condiciones preferenciales en Estados Unidos puede ayudar a sostener empleo, atraer inversión y mejorar expectativas en cadenas como frutas, flores, cacao y café. Además, el Ministerio de Producción considera que el acuerdo puede facilitar acceso a financiamiento de entidades estadounidenses como EXIM Bank y la DFC para proyectos de energía e infraestructura, lo que amplía el alcance económico del pacto más allá del comercio exterior. (Bloomberg Línea)

Pero también conviene mantener prudencia. El acuerdo aún no entra en vigor de manera automática. El texto oficial establece que empezará a regir 30 días después de que ambos países se notifiquen por escrito que completaron sus respectivos procedimientos legales internos, o en otra fecha que ambos decidan. En Ecuador, el proceso todavía debe pasar por instancias institucionales, y reportes de prensa indican que la expectativa del Gobierno es completar los trámites hacia julio. Eso significa que el impacto real del acuerdo dependerá no solo de su firma política, sino de su ratificación y de la capacidad empresarial para aprovecharlo.

En conclusión, el ART entre Ecuador y Estados Unidos representa una oportunidad concreta para una parte importante de las exportaciones no petroleras ecuatorianas, pero también inaugura una etapa de mayores exigencias en materia de apertura, regulación y competitividad. Para Ecuador, el reto será convertir este alivio arancelario en más diversificación exportadora, más valor agregado y más inversión, evitando que el acuerdo quede reducido a un anuncio político de corto plazo. La firma ya es un hecho; ahora empieza la parte más difícil: lograr que sus beneficios se traduzcan en resultados sostenibles para la economía nacional. (Ministerio de Producción)

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