EFECTOS DE LA GUERRA ENTRE EE. UU., ISRAEL E IRÁN EN EL ECUADOR
La guerra entre Estados Unidos e Israel frente a Irán ya dejó de ser un conflicto lejano para la economía ecuatoriana. Los reportes más recientes muestran que, desde el inicio de la ofensiva a fines de febrero, el mercado petrolero entró en una fase de alta volatilidad: el Brent llegó a superar los USD 112 por barril y acumuló un alza superior al 50%, mientras el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca del 20% del petróleo y gas del mundo— quedó en el centro de la crisis. Para Ecuador, ese dato no es abstracto: significa presión inmediata sobre combustibles, transporte, costos logísticos y expectativas de precios. (Reuters)
A primera vista, podría pensarse que Ecuador sale ganando porque exporta petróleo y un crudo más caro debería traer más dólares. Pero la realidad es más compleja. El Banco Central del Ecuador reportó que en 2025 las exportaciones petroleras del país se redujeron 19,0%, al pasar de USD 9.572 millones en 2024 a USD 7.750 millones en 2025. Además, la producción fiscalizada nacional promedió 430,21 mil barriles diarios en 2025, con una caída anual de 7,6%. Es decir, el país llega a esta crisis con menor capacidad para aprovechar plenamente un shock alcista de precios.
Hay otro elemento clave: Ecuador sigue dependiendo de la importación de derivados. El BCE señaló que en el cuarto trimestre de 2025 las importaciones de derivados representaron 12,10 millones de barriles, equivalentes al 38,31% de la oferta total de derivados en el país. Por eso, aunque el Estado venda crudo, también debe enfrentar un encarecimiento de combustibles refinados y de otros insumos energéticos. A esto se suma que el gobierno eliminó el subsidio al diésel en septiembre de 2025, con un costo fiscal estimado previamente en USD 1.100 millones anuales, y lo reemplazó luego por un mecanismo de estabilización de precios. Si el petróleo internacional sigue subiendo, proteger al mercado interno será más difícil o más costoso. (Banco Central del Ecuador)
El primer impacto concreto para los ecuatorianos sería, entonces, el alza de costos en transporte y distribución. Un diésel más caro presiona el traslado de alimentos, mercancías, materiales de construcción y carga de exportación. También afecta al transporte pesado, al sector pesquero, a la cadena de frío y a las actividades agrícolas que dependen intensamente de combustible. En una economía como la ecuatoriana, donde gran parte del aparato productivo se mueve por carretera, un shock energético externo se transmite rápido al costo de vida y a los márgenes de las empresas. Esa es la vía más visible por la que una guerra en Medio Oriente puede sentirse en los bolsillos locales. (Reuters)
El segundo canal de contagio es el agro. La ONU advirtió esta semana que la guerra está alterando no solo el flujo de energía, sino también el de fertilizantes, con riesgo de encarecer la producción de alimentos a nivel mundial. Reuters también reportó que los precios de fertilizantes como la urea han subido con fuerza desde que comenzó el conflicto. Para Ecuador, esto importa mucho: un aumento en fertilizantes, diésel y fletes puede golpear la rentabilidad de cultivos y exportaciones agroindustriales, justo en un país donde buena parte de la oferta exportable depende del sector primario. (Reuters)
El tercer impacto recae sobre el comercio exterior no petrolero, que hoy sostiene buena parte de la recuperación ecuatoriana. El BCE informó que en 2025 las exportaciones no petroleras crecieron 18,3% y alcanzaron USD 29.401,9 millones; solo en el cuarto trimestre marcaron un récord de USD 7.971,8 millones. Entre los productos destacados estuvieron camarón, cacao y elaborados, concentrados de cobre y flores. Además, entre enero y octubre de 2025, Estados Unidos fue el país con mayor participación en la balanza comercial no petrolera ecuatoriana, con USD 2.915,6 millones. Eso significa que un deterioro del comercio global, del costo naviero o del consumo en mercados clave podría golpear sectores que hoy son esenciales para Ecuador.
El caso del camarón es especialmente revelador. Reuters reportó que en 2025 las exportaciones ecuatorianas de camarón subieron 20% y llegaron a USD 8.400 millones, convirtiéndose en el principal producto de exportación del país y superando al petróleo. Ese dato confirma que Ecuador ya no depende únicamente del crudo; depende también de cadenas logísticas globales eficientes. Si la guerra prolonga la tensión en Ormuz, suben los seguros marítimos, se encarece el combustible de los buques y se alteran rutas e inventarios, el país podría sufrir por ambos lados: por costos más altos en importaciones y por una exportación no petrolera más cara de colocar. (Reuters)
En síntesis, la guerra entre EE. UU., Israel e Irán puede traer a Ecuador un beneficio parcial por mejores precios del crudo, pero ese alivio sería limitado y probablemente inferior a los costos indirectos si la crisis se prolonga. El verdadero riesgo está en un encarecimiento persistente de combustibles, fertilizantes, fletes y seguros, acompañado de mayor presión sobre el transporte, la agricultura y el comercio exterior no petrolero. En un momento en que el BCE reportó que la economía ecuatoriana creció 3,7% en 2025 impulsada por exportaciones e inversión, un shock prolongado desde Medio Oriente podría frenar esa recuperación. Para Ecuador, esta guerra no sería solo una noticia internacional: sería una amenaza concreta para su estabilidad económica. (BCE)

Comentarios
Publicar un comentario